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Restaurando al Ofensor

Todos hemos oído historias de escándalos públicos de algún líder espiritual, pastor, o un miembro de la congregación envueltos en pecados. Usualmente, los daños de esas fallas moral afectan todo el cuerpo de Cristo y en particular a las familias de los ofensores.  Cuando este tipo de ofensas ocurren, la integridad del ministerio de la iglesia se compromete. Las personas son dañadas hasta el punto de perder la confianza en el poder del evangelio y la obra redentora de Cristo. 

 

En nuestras iglesias, en un afán no mal intencionado de minimizar el escándalo o de evitar dolor a las personas ofendidas, hemos desarrollado una actitud no muy bíblica de “perdonar primero y luego hacer preguntas.” Tendemos a pasar por alto la gravedad de la ofensa. 

 

Muchas encuestas han descubierto los beneficios físicos y emocionales de pedir perdón y perdonar.  Lamentablemente, la facilidad con que se anima a los cristianos a perdonar y pedir perdón es más parte del problema que de la solución. Debemos evitar la superficialidad en el tema del perdón, nuestra meta debe ser restaurar completamente, no solo a los ofendidos (las víctimas) sino, también al ofensor (agresor).

 

Como hombres y mujeres de Dios que estamos interesados en un arrepentimiento y una restauración genuina, debemos evitar minimizar y negar la ofensa y cuenta el peligro de negar la ofensa—tanto del lado del ofensor como el ofendido. Teniendo en cuenta:  

 

1. La posibilidad de negar la realidad de la ofensa.  

Como un reportero, tenemos que preguntarnos ¿que realmente sucedió? Minimizar lo ocurrido no es otra cosa que mentir. El ofensor tiene que ser honesto y sin excusa admitir lo que hizo, debe haber confesión (Efesios 4:25, 1 Juan 1:9).

2. La posibilidad de negar los sentimientos que causa la ofensa. 

La tristeza, dolor, enojo, y otros sentimientos producto de la ofensa son normales. Ahora bien, esto puede ser es un arma de doble filo. Si decimos: “no estoy enojado,” podemos estar escondiendo sentimientos de venganza. O si alguien nos dice: “no debería de ser tan enojado,” esto en realidad puede ser una manera de culpar a la víctima por la ofensa. 

Pablo entendía que no debemos minimizar la severidad de la ofensa para evitar el dolor, pero que a la misma vez cuidar no caer en la venganza.  (Efesios 4:26 Si se enojan, no pequen. No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol.)

3. Ignorar la posibilidad de más abuso.

No podemos perdonar y olvidar; esto solo alimenta el patrón destructivo del ofensor.  El conflicto de Saúl con David es un ejemplo clásico del peligro ignorar la posibilidad de más abuso (1 Samuel 19; 24:5-7; 26:9). David preserva su vida huyendo del peligro y rehusando vengarse, pero se requería un cambio profundo de parte de Saúl para que la relación entre él y David fuera restaurada.

Negarse a confrontar la ofensa pareciera ser un camino sin dolor, pero no lo es. Es un camino que nos trae confusión.  Debemos entonces buscar otro camino, un mejor camino que nos lleva a la sanidad del ofendido y a la restauración del ofensor. Cada miembro del cuerpo de Cristo merece una oportunidad de ser amado(a) Las personas pueden ser llevadas a través de un difícil, pero necesario proceso de corrección, restauración, y transformación. 

Jesús prescribió este proceso en Lucas 17:3-4 “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.” La historia del reencuentro de José y sus hermanos en Génesis 42-45, ilustra este principio del proceso perdonar y restaurar al ofensor que vemos en la prescripción de Jesús en el libro de Lucas. 

 

Los hermanos de José, llenos de envidia, deciden venderlo a una caravana egipcia. En Egipto, después de muchos problemas, Dios pone a José como segundo en autoridad en toda la nación egipcia. Fue en esta posición que se reencuentra con sus hermanos que buscaban comprar alimento en Egipto, para no morirse de hambre:

 

José no pasó por alto la ofensa de sus hermanos—Si tu hermano pecare contra ti, repréndele 

José les habló con rudeza, los acusó de espías y los encerró en la cárcel durante tres días, los obligó a comprometerse a traer a Benjamín, el hermano materno de José y a dejar a Simeón como garantía que iban a regresar (vs. 6,9,17-18, 24) A simple vista, este comportamiento de José pareciera vengativo, pero no fue así.

 

José guio a sus hermanos a reconocer su maldad—y si se arrepintiere

 Rubén, fue el primero en reconocer que posiblemente estaban recibiendo la consecuencia de su maldad: “Sin duda estamos sufriendo las consecuencias de lo que hicimos con nuestro hermano.” Nunca podemos minimizar el valor y el poder de las consecuencias. 

He conocido muchos casos, de personas que fueron destruidas porque tenían a alguien “un salvador” que siempre les evitaban las consecuencias de sus acciones. No se trata necesariamente de ser una persona fría e indiferente (José lloró en varias ocasiones). Se trata de guiar a las personas a entender la magnitud de su ofensa, y permitirle a Dios el espacio para guiarlo al arrepentimiento.  

 

José perdono a sus hermanos y restauro su relación con ellos—perdónale 

Los hermanos de José tuvieron tiempo para meditar y entender que ellos habían fallado y que Dios—a través de las consecuencias de su maldad, como buen padre—lo llevaba al arrepentimiento (hebreos 12:10). José, que es un tipo de Jesús, invita a sus hermanos a su casa y come con ellos, envía a buscar toda su familia y les provee un lugar donde vivir juntos con él. ¡Que hermosa ilustración de la realidad del perdón!

 

Solo cuando verdadero arrepentimiento y verdadero perdón, es que podemos experimentar la restauración.  

Génesis 45:14-15 Y abrazó José a su hermano Benjamín, y comenzó a llorar. Benjamín, a su vez, también lloró abrazado a su hermano José. Luego José, bañado en lágrimas, besó a todos sus hermanos. Solo entonces se animaron ellos a hablarle.

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Restoring the Offender

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We have all heard stories of public scandals of some spiritual leader, pastor, or a member of a congregation involved in sins. Usually, the damages of these moral failures affect the whole body of Christ and in particular the families of the offenders. When such offenses occur, the integrity of the ministry of the church is compromised. People are damaged to the point of losing confidence in the power of the gospel and the redemptive work of Christ.

In our churches, in an unintended desire to minimize the scandal or avoid pain to the offended people, we have developed a not very biblical attitude of “forgiving first and then asking questions.” We tend to overlook the seriousness of the offense.

Many surveys have discovered the physical and emotional benefits of asking for forgiveness and forgiving. Unfortunately, the ease with which Christians are encouraged to forgive and ask for forgiveness is more part of the problem than of the solution. We must avoid superficiality on the issue of forgiveness, our goal should be to completely restore, not only to the offended (the victims) but also to the offender (aggressor).

As men and women of God who are interested in repentance and genuine restoration, we must avoid minimizing and denying the offense and account for the danger of denying the offense — both on the side of the offender and the offended.

Make sure you take into account:

1. The possibility of denying the reality of the offense.

Like a reporter, we have to ask ourselves: what really happened? Minimizing what happened is the same thing as lying. The offender must be honest and without excuse admit to what he did, there must be confession (Ephesians 4:25, 1 John 1: 9).

2. The possibility of denying the feelings caused by the offense.

Sadness, pain, anger, and other feelings resulting from the offense are normal. Now, this may be a double-edged sword. If we say, "I am not angry," we may be hiding feelings of revenge. Or if someone tells us: "I shouldn't be so angry," this can actually be a way to blame the victim for the offense.


Paul understood that we should not minimize the severity of the offense to avoid pain, but at the same time take care not to fall into revenge. (Ephesians 4:26 If they get angry, don't sin. Don't let anger last until sunset.)

3. the possibility of further abuse.

We cannot forgive and forget; This only feeds the offender's destructive pattern. Saul's conflict with David is a classic example of danger ignoring the possibility of further abuse (1 Samuel 19; 24: 5-7; 26: 9). David preserves his life by fleeing danger and refusing to take revenge, but a profound change from Saul was required for the relationship between him and David to be restored.

What the Bible Says

Refusing to confront an offense seems to be a more painless road, but it is not. It is a path that brings confusion. We must then look for another path, a better path that leads to the healing of the offended and the restoration of the offender. Each member of the body of Christ deserves an opportunity to be loved. People can be carried through a difficult but necessary process of correction, restoration, and transformation.

Jesus prescribed this process in Luke 17: 3-4

So watch yourselves. If your brother or sister sins against you, rebuke them; and if they repent, forgive them.Even if they sin against you seven times in a day and seven times come back to you saying ‘I repent,’ you must forgive them.

The story of the reunion of Joseph and his brothers in Genesis 42-45 illustrates this principle of the process forgiving and restoring the offender we see in Jesus' prescription in the book of Luke.

Joseph's brothers, full of envy, decide to sell it to an Egyptian caravan. In Egypt, after many problems, God places Joseph as second in authority in the entire Egyptian nation. It was in this position that he is reunited with his brothers who sought to buy food in Egypt, so as not to starve to death:

Joseph did not overlook his brothers' offense — If your brother sins against you, rebuke him

Joseph spoke to them rudely, accused them of being spies, and locked them in jail for three days, forcing them to commit to bringing Benjamin, Joseph's maternal brother and leaving Simeon as a guarantee that they would return (vs. 6.9 , 17-18, 24). At first glance, this behavior of Joseph seems vengeful, but it was not so.

Joseph led his brothers to recognize their evil — and if he repents

Through this process, Ruben was the first to recognize that they were possibly receiving the consequence of their evil: "We are undoubtedly suffering the consequences of what we did with our brother." We can never minimize the value and power of the consequences.

I have known many cases of people who were destroyed because they had "a savior" who always avoided the consequences of their actions. It is not necessarily about being a cold and indifferent person (Joseph cried several times). It is about guiding people to understand the magnitude of their offense, and allowing God the space to lead him to repentance.

 

Joseph forgave his brothers and restored his relationship with them — forgive him

Joseph's brothers had time to meditate and understand that they had failed and that God — through the consequences of their evil, as a good father — led him to repentance (Hebrews 12:10). Joseph, who is a type of Jesus, invites his brothers to his house and eats with them, sends to find his whole family and provides them with a place to live together with him. What a beautiful illustration of the reality of forgiveness!

 

Only when true repentance and true forgiveness is it that we can experience restoration.

Genesis 45: 14-15 And Joseph embraced his brother Benjamin, and began to mourn. Benjamin, in turn, also cried hugging his brother José. Then Joseph, bathed in tears, kissed all his brothers.

Only then were they encouraged to speak to him.

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