Saber Perdonar

Un joven, el mayor de tres hermanos, les informo a sus padres que estaba cansado de la vida cristiana aburrida que llevaba y que se iba de la casa.  Sus padres sintieron gran tristeza al ver su amado hijo dejar el hogar. Por algún un tiempo siguieron sus pasos a través de amistades y conocidos, pero llegó el momento donde no supieron más de él.

 

Pasado el tiempo recibieron una carta de su hijo, les menciona que está bien, que incluso tiene ya una familia, e hijos, que como padre él mismo, entendía ahora lo mucho que habían sufrido por su partida.  Les confesó que desea verlos, y pedirles perdón, pero que si ellos no querían perdonarlos él entendía, después de todo él se lo merecía.

 

Al final de la carta les menciono que él y su familia llegarian en tren y que si ellos le perdonaban,  les pido que pusieran en el árbol del frente de su casa un moño blanco. Cuál fue su sorpresa que al llegar, no vio un moño blanco, sino una sábana blanca que cubría por completo el árbol, la cual sus padres habían puesto para que supiera el tamaño de su perdón y lo mucho que siempre le han amado, ellos ya lo habían perdonado, por la sencilla razón de que nunca había dejado de ser su hijo.

 

Así mismo es Dios.  Las escrituras revelan a Dios como perdonador (Salmos 86:5 Tú, Señor, eres bueno y perdonador; grande es tu amor por todos los que te invocan.) La realidad es que nunca nos parecemos más a Dios que cuando perdonamos, pero qué difícil es para nosotros perdonar.  

 

En lucas 17:3-4, Jesús nos los pasos para perdonar y restaurar al que ha ofendido.  “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”

 

Siempre tendremos oportunidades para perdonar.  (perdonar siete veces al día)

Ser creyentes y ser parte de la iglesia no nos excluye de ser ofendido o agraviado. Las ofensas son siempre una oportunidad para perdonar; como el caso de José que fue vendido por sus hermanos y perdono (Génesis 50:21), igualmente Jesús que fue rechazado por su familia, el pueblo y sus discípulos y en la cruz exclamó “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen.”  

 

Las ofensas son una oportunidad para confrontar en amor. (repréndele)

Negarse a confrontar la ofensa pareciera ser un camino sin dolor, pero no es así. En su libro “Dangerous Calling” Paul Tripp dice que “la iglesia es el agente santificador de Dios” cuando faltamos en confrontar la ofensa con amor, le robamos al ofensor la posibilidad de corregir su conducta, aclarar los malentendidos y detener los actos ofensivos.

 

La restauración debe ser nuestra meta (si se arrepiente)

Después de la muerte de Jacob, los hermanos de José tuvieron temor y pensaron que él se vengaría de ellos, así que le enviaron una nota reclamando que Jacob, su padre le pedía que perdonara a sus hermanos (Génesis 50:15-17).  José nunca le guardó rencor a ellos, porque entendió que la meta de Dios en todo lo que él sufrió, era la restauración sus hermanos y preservar la nación de cuya simiente nacería el Redentor del mundo, Jesús.

 

“Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce” (1 Juan 4:7)

Todo el que Ama, perdona